En el discurso empresarial u organizacional, existe el deseo de que en sus filas haya equipos creativos e innovadores para afrontar los retos que demanda el mundo. Pero una cosa es el deseo y otra la realidad. Las organizaciones que quieran en verdad creatividad e innovación deben cultivar una cultura organizacional donde las ideas alternativas y contrarias se puedan escuchar y asimilar. Y para que esto suceda, no basta la buena voluntad, sino que se necesita el coraje de escuchar ideas que vayan en contra de sus propias creencias. Mi experiencia como educador universitario hace que cuestione este deseo de innovación y creatividad desde la buena voluntad. Por ejemplo, en las universidades, donde se supone que debe existir una pluralidad de ideas y a partir de ahí generar procesos de reflexión para una mejor convivencia. Sin embargo, esto no ocurre así. Cada grupo se cierra en su forma de entender la vida y, desde esa posición, se cuestiona cualquier idea innovadora. Básicam...
La comunicación y sus estéticas